Nunca le des poder a un imbécil, porque fabricas un tirano

El poder, en esencia, amplifica la verdadera naturaleza de quien lo ejerce. Por eso, cuando una persona incapaz o mediocre accede a una posición de autoridad, el resultado casi inevitable es el abuso. La incompetencia, combinada con la inseguridad que genera estar en un puesto que no se merece, puede transformar a cualquier “imbécil” en un tirano.

¿Por qué ocurre esto? Porque el poder no solo otorga control, sino que también exige responsabilidad. Una persona carente de inteligencia, empatía o visión no tiene las herramientas para manejarlo de manera justa o efectiva. En lugar de liderar, se protege. En lugar de construir, destruye. Su autoridad no se basa en el respeto, sino en el miedo, y utiliza ese miedo como mecanismo de defensa para ocultar su ineptitud.

La historia y el presente están llenos de ejemplos que lo demuestran. Desde líderes políticos hasta gestores empresariales, los “imbéciles” en el poder no solo fracasan en sus objetivos, sino que arrastran a los demás a un espiral de decadencia. Fabrican sistemas donde la crítica es silenciada, las voces disidentes son eliminadas y el progreso queda detenido, todo por mantener su frágil posición.

El mensaje es claro: nunca subestimes las consecuencias de poner a la persona equivocada en un lugar de poder. No solo estás delegando una responsabilidad en alguien incapaz; estás abriendo la puerta a la tiranía.

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