La campanera del desdén: cuando el servilismo supera la coherencia

No suelo entrar en valoraciones sobre los comentarios de quienes, con títulos, posiciones o egos desmedidos, faltan al respeto a aquellos que se atreven a disentir del gobierno socialista de Cantoria. Pero hay momentos en los que la desfachatez de ciertos personajes alcanza un nivel tal que merece una respuesta clara y contundente. Hoy es uno de esos días.

Resulta curioso –por no decir patético– que cada vez que se publica algún artículo denunciando la nefasta gestión del actual equipo de gobierno, siempre aparece la misma figura: “la campanera”, esa incombustible defensora de la causa, con fotos y comentarios cargados de faltas de respeto hacia cualquiera que se atreva a pensar diferente.

El servilismo disfrazado de valentía

Esta persona, que parece tener como misión divina lanzarse al barro en defensa de quienes la dirigen, no duda en arremeter contra quien sea, incluso contra personas que ni siquiera conoce. Su modus operandi es claro: atacar a diestro y siniestro, pero siempre desde las sombras, con una servil hipocresía que contrasta con su actitud sumisa cuando se cruza en persona con aquellos a los que critica. Agacha la mirada, pero afila la lengua cuando no hay testigos.

Es curioso cómo esta campanera hace de su capa un sayo cuando le conviene. Critica, menosprecia y se erige como paladín de un gobierno que, por cierto, flaquea por todas partes. Pero cuando las críticas apuntan hacia sus propias “inmendacilidades” –que no son pocas–, entonces se convierte en víctima. Para ella, que alguien evidencie sus errores es “un ataque”, una ofensa intolerable.

¿Cuál es tu recompensa?

Y aquí surge la gran pregunta: ¿qué te lleva a actuar de esta manera, campanera? ¿Un puesto en la lista electoral? ¿Un favor? ¿El simple placer de sentirte útil a costa de pisotear la dignidad de los demás? Si tu servilismo tiene un precio, al menos que sea uno que puedas mirar con orgullo. Porque lo que proyectas no es más que una imagen lamentable, un triste ejemplo para aquellos que, quizá, esperaban más de ti.

El desprecio como argumento

Faltar al respeto a quien piensa diferente no te hace valiente ni coherente, solo evidencia tu incapacidad para sostener un argumento sólido. La crítica política es necesaria, incluso saludable, pero cuando se convierte en ataques personales y en una defensa ciega de lo indefendible, pierde toda legitimidad.

Hoy te hablo con claridad: si tu intención es mantener tu posición a base de servir a intereses ajenos y faltar al respeto a los demás, estás condenada a perder el respeto de quienes realmente importan. La dignidad no se gana con el servilismo, sino con el valor de actuar con independencia y coherencia, algo que, por lo visto, te resulta imposible.

En lugar de atacar a quien señala los errores del gobierno, deberías reflexionar sobre tus propias acciones. Porque al final, la historia no recuerda con admiración a quienes se limitaron a obedecer, sino a quienes tuvieron el coraje de pensar por sí mismos.

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