¿Seguridad en Cantoria o Gran Hermano encubierto?

La seguridad en Cantoria parece haber tomado un rumbo incierto, dejando más preguntas que respuestas entre sus vecinos. Hoy nos vemos obligados a reflexionar sobre decisiones que afectan a todos y que, sin embargo, se toman entre sombras, sin explicación ni transparencia. Nos referimos al uso de las cámaras de seguridad en el municipio, esas mismas que deberían garantizar la tranquilidad de los ciudadanos y que ahora parecen utilizadas al capricho de quien dicta las órdenes.

Un ejemplo flagrante es el cambio de ubicación de la cámara instalada en la calle Alcalde Cristino María Sánchez, que fue trasladada a la plaza principal, a la pared de la que fuese la casa del primer alcalde democrático del pueblo. ¿Qué buscaba la autoridad competente con este movimiento? ¿No obtuvo lo que quería desde esa nueva perspectiva? ¿O acaso no escuchó lo que deseaba escuchar? Las preguntas se acumulan y las respuestas brillan por su ausencia.

Tras meses de estancia en su nueva ubicación, la cámara regresa ahora a su posición original. ¿Por qué este ir y venir? ¿Quién decide este baile absurdo de posiciones? Si la decisión fue de la Policía Local, ¿por qué no se comunicó a los ciudadanos? ¿Acaso no merecemos saber por qué se toman estas medidas que afectan nuestra seguridad y privacidad?

Un pueblo a merced de decisiones opacas

Una vez más, los vecinos de Cantoria se encuentran a merced de decisiones que se toman como si de un cortijo privado se tratase. Quien maneja los hilos del poder parece creerse el gran padre de este pueblo, intentando adormecer a sus hijos para que no se enteren de lo que realmente se hace entre bastidores.

¿Estamos realmente protegidos o solo se están protegiendo quienes nos gobiernan? Esta es una pregunta que late con fuerza entre los cantorianos. Las cámaras de seguridad deben ser una herramienta para garantizar la tranquilidad de los vecinos, no un instrumento de control al servicio de intereses personales o políticos.

Transparencia y rendición de cuentas: obligaciones incumplidas

El manejo de las cámaras de seguridad debe cumplir estrictas normativas legales, que incluyen la protección de los datos personales y el respeto a los derechos de los ciudadanos. Pero en Cantoria, estas decisiones se toman sin explicar nada, sin rendir cuentas, sin respetar siquiera la inteligencia de quienes habitan el municipio.

¿Por qué las autoridades no informan sobre estos movimientos? ¿Por qué no se comunican las razones detrás de decisiones que afectan a toda la comunidad? Este silencio no solo es una falta de respeto, sino una clara muestra de opacidad y falta de responsabilidad.

¿Seguridad o control?

Los cantorianos tienen derecho a saber si las cámaras están ahí para protegerlos o para vigilarlos. Porque si se trata del segundo caso, estaríamos ante un abuso intolerable de poder. Estas herramientas no pueden ser utilizadas como si Cantoria fuese un capítulo de “Gran Hermano”, donde unos pocos observan mientras los demás viven sin saber qué ocurre.

La seguridad no se garantiza con movimientos opacos ni con órdenes arbitrarias. Se garantiza con transparencia, diálogo y el respeto absoluto a los derechos de los ciudadanos. En Cantoria, sin embargo, parece que se hace de la capa un sayo, utilizando herramientas públicas con fines que solo unos pocos conocen.

Es hora de exigir respuestas. Es hora de que las autoridades expliquen qué está ocurriendo. Y sobre todo, es hora de que los cantorianos recuperen el control sobre un pueblo que les pertenece y que no puede seguir gobernado al margen de sus derechos y su voluntad.

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