El Riesgo del Pensamiento Único

Falta de Democracia en los Grupos de Facebook del Almanzora

Las redes sociales han sido concebidas como espacios de libre expresión y debate, donde cualquier usuario, dentro del respeto y las normas básicas de convivencia, puede compartir sus opiniones y participar en conversaciones sobre temas de interés. Sin embargo, en algunos grupos de Facebook de la comarca del Almanzora, esta premisa parece distorsionarse, dando paso a una gestión sectaria en la que ciertos administradores imponen su ideología, censuran voces discordantes y permiten la vejación de quienes piensan diferente.

Moderación o Censura Selectiva

Es comprensible que los administradores de grupos de Facebook establezcan reglas para mantener el orden y evitar enfrentamientos innecesarios. No obstante, cuando las normas no se aplican de manera equitativa y sirven más como un mecanismo de exclusión ideológica que como una herramienta de convivencia, la moderación se convierte en censura.

Existen casos en los que ciertos usuarios han sido vetados o silenciados simplemente por manifestar posturas que no coinciden con la ideología predominante de quienes administran el grupo. Mientras tanto, otros participantes que sí se alinean con esta visión tienen vía libre para insultar, difamar o ridiculizar a quienes no comparten sus ideas, sin recibir sanciones ni advertencias.

Un Debate Monocolor

Lo preocupante de esta situación es que convierte lo que debería ser un foro de intercambio en un espacio monocolor, donde la discrepancia es castigada y el pensamiento único se impone. Este tipo de gestión no solo empobrece el debate, sino que también desanima la participación de quienes, al ver la parcialidad con la que se maneja el grupo, deciden retirarse o, directamente, ni siquiera unirse.

El Riesgo del Pensamiento Único

Cuando una comunidad online se convierte en un reflejo de la ideología de su administrador en lugar de representar la diversidad de sus miembros, pierde su valor como espacio de diálogo y se transforma en una simple caja de resonancia de una sola postura. Esto no solo es perjudicial para la libertad de expresión, sino que también fomenta la polarización y el enfrentamiento social.

El sectarismo en la moderación de estos grupos puede parecer un problema menor, pero en el fondo refleja una cuestión más profunda: la dificultad para aceptar el pluralismo y el derecho a la disidencia. Si en algo tan básico como un grupo de Facebook se impone una línea de pensamiento sin permitir el debate, ¿qué podemos esperar en otros ámbitos donde la diversidad de opiniones debería ser la norma?

¿Hay solución?

La respuesta pasa por la creación de espacios verdaderamente abiertos, donde la moderación no esté al servicio de una ideología, sino del respeto y la convivencia. También es importante que los usuarios que han sido objeto de estas prácticas denuncien públicamente la situación y busquen alternativas donde sí se les permita expresarse con libertad.

En una democracia real, la discrepancia no se castiga, se respeta. Y aunque un grupo de Facebook no es un parlamento, debería, al menos, ser un reflejo de la diversidad de quienes lo conforman.

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