Hoy se cumplen 124 años de la fundación de la Biblioteca Nacional de España, una institución clave en la preservación y difusión del conocimiento. Sin embargo, en Cantoria, la palabra “biblioteca” parece un término exótico, una quimera cultural que el equipo de gobierno socialista ha decidido relegar a la invisibilidad. Porque sí, hay biblioteca, pero nadie la ve, nadie la siente, nadie la reconoce como el epicentro del saber que debería ser.
En lugar de estar ubicada en un edificio donde se huela a literatura, con un letrero visible que invite a cruzar sus puertas, se esconde como un trámite cumplido sin convicción. No basta con que exista sobre el papel; la cultura debe respirarse en las calles, debe ser un faro para la juventud, un lugar de encuentro con el conocimiento. Pero en Cantoria, en vez de fomentar el saber, se prefieren los brindis; en vez de nutrir las mentes, se llenan los estómagos con festines bien regados, donde lo único que se cultiva es el clientelismo político.
Mientras en otros municipios se apuesta por la educación y la cultura como motores de futuro, aquí se prioriza el chascarrillo de bar y el ruido del balón sobre el silencio reflexivo de una sala de lectura. Para los jóvenes, el mensaje es claro: la cultura no está en los libros, sino en los bares. El Partido Socialista cantoriano ha convertido la política en un arte de distracción, donde la falta de proyectos culturales se disimula con eventos populistas y propaganda de taberna.
Este no es el gobierno de la izquierda que impulsa el progreso; más bien, parece una parodia de sí mismo, una izquierda con las formas de la extrema derecha: vacía de contenido, populista y dedicada a perpetuar el estancamiento intelectual del pueblo. Se llenan la boca hablando de igualdad y oportunidades, pero ¿qué oportunidades ofrecen cuando la biblioteca, en lugar de ser un símbolo de cultura y aprendizaje, es un rincón olvidado y oculto?
Cantoria no necesita más brindis por el pasado ni promesas huecas. Necesita un compromiso real con la educación y la cultura. Necesita una biblioteca visible, con un letrero claro, en un edificio donde se huela a literatura, donde los jóvenes puedan formarse, pensar y aspirar a algo más que la resignación de un pueblo que, por desgracia, ha aprendido a conformarse con las migajas del poder.