El Parking sin Rayas

El Parking sin Rayas: Un Símbolo de las Obras a Medias en Cantoria

Hace más de un año, el equipo de gobierno de Cantoria anunciaba con orgullo la puesta en marcha de un nuevo parking. Un espacio asfaltado, bien ubicado y aparentemente listo para su uso. Sin embargo, al observarlo hoy, la realidad es otra. Lo que se presentó como una mejora para el municipio no es más que una explanada vacía, donde falta un elemento esencial: las líneas que delimitan las plazas de aparcamiento.

Esto nos lleva a una pregunta obvia: ¿Se les habrá olvidado que los parkings llevan rayas? Porque sin ellas, lo que tenemos no es un aparcamiento funcional, sino simplemente un terreno asfaltado. Y aquí surge otra cuestión: ¿Se terminó realmente el proyecto o se dejó a medias?

Un Problema Más Allá de la Pintura

Más allá de la anécdota de las rayas, este caso es representativo de una forma de hacer política basada en la apariencia más que en la utilidad. Inaugurar obras inacabadas, presentar proyectos como completos cuando aún faltan detalles esenciales, y, sobre todo, alardear de logros que en realidad no lo son, parece haberse convertido en una práctica habitual.

El problema no es solo que falte pintura en el suelo. El verdadero problema es la falta de gestión eficaz. No basta con asfaltar un terreno y llamarlo “parking” si no se ha terminado correctamente. No basta con exhibir mejoras si no se han ejecutado en su totalidad. La política del “ya está hecho” sin preocuparse por los detalles es lo que genera frustración en los vecinos, que ven cómo las obras se quedan a medias mientras quienes las promueven se apresuran a colgarse medallas.

Las Obras no se Ganan con Fotografías

En Cantoria, el equipo de gobierno acostumbra a golpearse el pecho y presumir de sus logros. Pero hay algo que no pueden cambiar: una imagen habla más que mil palabras. Y en este caso, la imagen del “parking” sin rayas es el reflejo perfecto de una gestión incompleta. No importa cuántos discursos se den, ni cuántas publicaciones en redes sociales intenten maquillar la realidad: una obra sin terminar sigue siendo una obra sin terminar.

Es momento de que las promesas vayan acompañadas de hechos completos, no de proyectos a medias. Porque al final, lo que queda no es la propaganda, sino la realidad que todos los vecinos pueden ver con sus propios ojos. Y en este caso, lo único que ven es una explanada sin rayas.

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